Leonidas Irarrázaval

Chile: ¿un mal vecino?

Hacía diez años que la policía y el ejercito bolivianos habían dado muerte a Ernesto “Che” Guevara, en un lugar llamado La Higuera situado en la ceja de selva de Bolivia...

Por: Leonidas Irarrázaval | Publicado: Martes 3 de abril de 2012 a las 05:00 hrs.
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Hacía diez años que la policía y el ejercito bolivianos habían dado muerte a Ernesto “Che” Guevara, en un lugar llamado La Higuera situado en la ceja de selva de Bolivia. Ahí, el famoso guerrillero argentino, segundo hombre de Fidel Castro, daba su última batalla en contra de la dictadura boliviana. La CIA había sido el elemento fundamental para ubicarlo. La fotografía del cadáver del “Che” dio la vuelta al mundo erigiéndolo en un mártir de la libertad y de la lucha contra las dictaduras militares. Todavía hoy, más de 30 años después, los jóvenes de todo el mundo usan la camiseta con su figura desafiante y emboinada como demostración de protesta contra el orden existente.

El general boliviano, Joaquín Zenteno Anaya, fue quien dirigió la operación militar que acabó con el “Che”. Al retirarse del Ejercito, en 1976, fue designado embajador en Francia. Sólo llevaba algunos meses en París cuando fue acribillado a balazos, mientras cruzaba caminando el puente de Bir Hakeim.

En ese tiempo teníamos relaciones diplomáticas con Bolivia, cosa excepcional en los últimos 40 años. El embajador de Chile en Francia era Jorge Errázuriz Echeñique, quien había recibido en su casa al colega boliviano en unión de todos los embajadores latinoamericanos. Ese fue el inicio de una relación afectuosa, como corresponde a representantes de dos países amigos y vecinos. En cuanto se produjo el asesinato del general Zenteno Anaya la radio y televisión francesas dieron la noticia. Acompañé al embajador Errázuriz al puente de Bir Hakeim donde aún yacía el cuerpo del embajador boliviano tirado en el suelo.

En la misión diplomática de Bolivia sólo había, además de la esposa del general, una señora diplomática recién llegada a París, que no hablaba francés. Ambas personas estaban absolutamente devastadas por el asesinato. El embajador Errázuriz se hizo cargo de la situación. Dirigió los contactos con la policía, que nunca encontró a los responsables, con la morgue y el gobierno francés. Preparó todo lo relacionado con las pompas fúnebres, la ceremonia religiosa y la repatriación de los restos a La Paz. La Embajada de Chile avisó a las demás misiones diplomáticas, redactó el obituario para los diarios franceses y contestó las llamadas que pedían noticias desde Bolivia y otras ciudades de Francia. En ese entonces, la embajada y el gobierno de La Paz fueron muy calurosos con sus agradecimientos. En consecuencia, se actuó con evidente solidaridad con Bolivia y con una familia y una misión diplomática que se sentían y estaban desamparados.

El terrorista de Toulouse, sus asesinatos y su propia muerte, acribillado por las balas de la policía francesa, así como las recientes declaraciones anti-chilenas del presidente Evo Morales me han hecho recordar lo que he narrado aquí. El embajador Errázuriz y yo nos pusimos en la mira de los asesinos del embajador Zenteno Anaya, corriendo un riesgo considerable. Ninguna otra misión diplomática en Francia actuó como nosotros. Esto fue una prueba más de que Chile, en los últimos 100 años, no ha sido un “mal vecino” para Bolivia.

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